El origen de la vivienda social chilena se remonta a la última década del siglo XIX, período en el que se generaron, desde la filantropía y beneficencia católica, una serie de iniciativas que intentaron dar solución al problema de la habitación popular. El Estado dio un paso importante en esta materia al promulgar la Ley de Habitaciones Obreras en 1906, la que constituye la primera normativa que trata de abordar de forma integral dicha situación. La Ley de Habitaciones Baratas y la Ley de Arrendamientos de 1925 son una consecuencia de la aplicación de la legislación del año 1906 y de los procesos sociales y políticos que vivió el país en las primeras décadas del siglo XX. Se analizan aquellos aspectos territoriales que marcaron dichas iniciativas, teniendo presente para ello la localización en la ciudad de Santiago de los principales conjuntos residenciales que se edificaron en torno a esas acciones y el respectivo debate político y social que acompañó a dicho proceso. (Vivienda social y espacio urbano en Santiago de Chile. Una mirada retrospectiva a la acción del Estado en las primeras décadas del Siglo XX)La vivienda popular en la segunda mitad del siglo XIX se tipifica en tres categorías. A los ya mencionados “cuartos redondos” se debían sumar los “ranchos” y los “conventillos”. El doctor Puga Borne, médico higienista chileno de fines del siglo XIX, definió a los primeros como habitaciones construidas en base a materiales compuestos por masas húmedas y putrecibles; y a los segundos como una reunión de cuartos redondos a lo largo de una calle que sirve de patio común. Esta última constituyó una modalidad optimizada de alojamiento, debido a que la cocina y el lavado de la ropa no se realizaba en los dormitorios (Gross y De Ramón, 1983). El “rancho” era en realidad una tipología de origen rural y constituyó una forma desmejorada de alojamiento del mundo campesino, habiéndose derivado de las “rucas” indígenas, las cuales se levantaban con materiales precarios y techo de paja (Gross, 1985).Esta forma de construir viviendas y de habitar en la ciudad, por parte de los sectores populares, tuvo también sus expresiones homólogas en el contexto de América Latina. Por ejemplo, en Argentina los conventillos son muy similares y reciben el mismo nombre; en Cuba los llamaron “ciudadelas” y en Brasil, cortiços. En Argentina, el conventillo se convirtió en una de las formas de habitación más extendidas en Buenos Aires, sobre todo a partir de la década de 1870, cuando se comienza a incrementar notablemente la población porteña debido a la llegada de importantes contingentes de migrantes provenientes de Europa (Vásquez,1994). En Cuba, las “ciudadelas” son definidas como una casa o edificio con muchos cuartos o habitaciones interiores, reducidas y separadas, que se alquilan a diferentes personas y familias pobres, con un patio común para todos, así como con una única puerta de entrada; “en ellas vivía hacia finales del siglo XIX gran parte de la población proletaria de la capital de ese país, estando algunas habitadas por población de color y otras, sólo por personas blancas” (Sardaña,1993). Los cortiços fueron, en las principales ciudades brasileñas de principios del siglo XX, el alojamiento típico de la población pobre, de los inmigrantes de las áreas rurales del interior del país y de aquellos que provenían del Viejo Mundo (Bonduki, 2000).Vivienda social HoySin duda uno de los temas de las últimas semanas ha sido la discusión entorno a la actual calidad de la vivienda social, todo luego de que se dieran a conocer las malas condiciones en que se entregan (Casas Chubi) o del poco metraje construido de las supuestas soluciones habitacionales (Casetas Sanitarias en Malloa). Seguramente por ello el gobierno anuncio el martes de esta semana la nueva política de vivienda social que se aplicara a partir del próximo año. Muchas ideas y conceptos positivos se escucharon ese día, sin embargo nada mucho se ha dicho sobre el presupuesto, el diseño o la gestión a seguir para la mejora y sobretodo para la nueva y centrada localización de estas.Dentro de lo que se aseguro para este nuevo plan estarán las mejoras constructivas gracias a una mayor rigurosidad en las especificaciones técnicas de los proyectos, que junto con una mayor fiscalización y evaluación de los proyectos, evitaran que los “esfuerzos y buenas intenciones”, se transformen en indignas y vergonzosas viviendas. Se aumentará también la superficie de estas viviendas de los 28-40 m2 que actualmente tienen a 38-40 m2, incorporándose a la vivienda de un baño, cocina, sala de estar y una pieza, una nueva habitación, a la que luego podrían sumarse otras 2 cuando se alcance el área máxima de ampliación.
Otro de los puntos dentro de este plan, y uno de los más novedosos y beneficiosos para la ciudad, es el de subsidio diferenciado a la localización de la vivienda, que permitirá la construcción no solo en la periferia de la ciudad, sino también en sectores más consolidados evitando la marginalidad e integrando a las familias a la ciudad. Este subsidio permite también habilitar terrenos “baratos” que requieran mejoramiento del suelo en lugares bien localizados. Otra medida nueva es imponer un máximo de agrupación de 150 viviendas por proyecto y mantener en ellas un 60% de habitantes de la misma comuna, para así según la ministra Poblete, “favorecer la radicación de las familias en sus comunas de origen y premiar aquellos proyectos de vivienda social bien localizados en sectores urbanizados y dotados de servicios, con lo cual se maximiza el aprovechamiento de todo tipo de redes: salud, educación y transporte.”
Otro de los puntos dentro de este plan, y uno de los más novedosos y beneficiosos para la ciudad, es el de subsidio diferenciado a la localización de la vivienda, que permitirá la construcción no solo en la periferia de la ciudad, sino también en sectores más consolidados evitando la marginalidad e integrando a las familias a la ciudad. Este subsidio permite también habilitar terrenos “baratos” que requieran mejoramiento del suelo en lugares bien localizados. Otra medida nueva es imponer un máximo de agrupación de 150 viviendas por proyecto y mantener en ellas un 60% de habitantes de la misma comuna, para así según la ministra Poblete, “favorecer la radicación de las familias en sus comunas de origen y premiar aquellos proyectos de vivienda social bien localizados en sectores urbanizados y dotados de servicios, con lo cual se maximiza el aprovechamiento de todo tipo de redes: salud, educación y transporte.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario